viernes, 25 de julio de 2014

"Avívanos, Señor": reflexiones sobre el avivamiento. (II parte)




La primera pregunta que los coordinadores del libro "Avívanos, Señor" hacen a los colaboradores es: "Desde tu experiencia, personal y comunitaria, ¿en qué medida crees que los evangélicos en nuestro país tenemos sed del Señor?"

 

Son 15 los colaboradores que contestan a esta pregunta, algunos de forma breve otros de forma más extensa, pero aquí tenéis algunas de las frases que han llamado mi atención y con las que me identifico:

 

"... solemos decir "necesitamos un avivamiento entre nosotros". Sin embargo, me temo que ese deseo es más intelectual que vivencial. Es más de la mente que del corazón. Sentir sed de Dios, desear profundamente un avivamiento espiritual, anhelar, como si en ello nos fuese la misma vida, que Dios haga algo entre nosotros, creo que es algo que no se ha producido aún..." (Samuel Pérez Millos)

 

" Creo, sinceramente, que mucha sed de Dios no hay. Lo triste es que sed sí tenemos, y bebemos, pero no precisamente de la fuente de Dios. Puedo ver en muchas iglesias mucha religiosidad..." (Cesca Planagumá)

 

"... que seamos además de creyentes fervientes en nuestras iglesias, también creyentes fervientes en nuestra sociedad; que allí donde sea que nos encontremos, nuestra sed de Dios se manifieste y podamos ver a otros que puedan llegar a beber del agua de vida que Jesús ofrece a todo el que viene a Él..." (Esther Rodríguez)

 

"... mientras vamos desgastando nuestra vida en un continuo ir y venir lleno de cosas, lo que realmente quiere Dios es pasar tiempo con nosotros, bendecirnos y usarnos según su voluntad y no según nuestros métodos.

Esta situación se agrava cuando le damos más importancia al conocimiento que a la relación y la obediencia. Lo que muchas veces nos preocupa es cuánto conocemos de la doctrina, de las normas de la Biblia, cuando lo importante es lo que llevamos a la práctica..." (Jaime Fernández)

 

Soy ama de casa y estaba pensando sí contestar o no a esta pregunta "teológica", pero después de más de 30 años de bautizada en una iglesia evangélica y habiendo vivido en diferentes lugares de la geografía española, creo que concuerdo mucho con lo que dice Samuel P. Millos; como iglesias sabemos que intelectualmente "tenemos" que tener sed de Dios pero no siempre tengo tan claro que sea una realidad. Nos cuesta mucho mantener una conversación "espiritual" sincera de lo que Dios está haciendo en nuestra vida personal y a la hora de tomar decisiones a veces pienso si de verdad buscamos la guía del Señor o simplemente "informamos" a Dios de nuestros planes...

Mirando atrás en mi vida he tenido épocas en las que he tenido mucha sed de Él, pero me es fácil perder el "norte" y centrarme más "en la obra de Dios" que en el "Dios de la obra" como alguna vez escuché. Antídoto: como decía la antigua canción: "lee la Biblia (escuchar su voz) y ora (derramar nuestro corazón ante él" cada día" y añadido a esto: vivir y practicar cada verdad bíblica que aprendamos.

(Continuará)

2 comentarios:

Víctor CMM dijo...

Si contesto a esta pregunta, debo incluirme también a mí en la respuesta, no mirar solamente hacia los demás.
Puedo ver que la sed de Dios se apaga con Cristo, el agua de vida. Pero preferimos tomarnos un refresco azucarado (venganza) o un vino (dando rienda suelta a ...). La sed está ahí, pero no acudimos a lo que de verdad puede satisfacer.

elim-el oasis de Eva dijo...

Pues acudamos... a la fuente y compartamos el "agua viva" con otros...