El
autor, al principio de este capítulo, menciona que “los seres humanos
tenemos la tendencia de complicar lo que Dios diseñó simple… inventamos
programas, añadimos estructuras, imponemos requisitos… pero cuando miramos a
Jesús en los evangelios, descubrimos un discipulado sencillo y poderoso”.
Y
teniendo como modelo a Jesús podemos decir que él llamó con sencillez,
discipuló en lo cotidiano, enseñó con claridad, corrigió con amor y paciencia y
envió a practicar lo aprendido.
¿Cuál
podríamos decir que es el fundamento del discipulado?, el autor propone un
fundamento triple:
1.-
Amar a Dios: la raíz de todo.
2.-
Amar a las personas: el fruto visible.
3.-
Hacer discípulos: la misión continúa.
Es
necesario integrar estos tres pilares porque sin amor a Dios tenemos un
discipulado moralista, sin amor al prójimo el discipulado se convierte en
individualismo egoísta y sin hacer discípulos, el discipulado se vuelve
estéril.
Si
echamos la mirada al principio, a la iglesia primitiva, vemos lo que significa
vivir el discipulado simple: sin recursos institucionales, sin estructuras
elaboradas, pero logrando impactar al mundo con una fe sencilla pero profunda.
Hechos
2:42 42 Se mantenían firmes en la enseñanza de
los apóstoles, en la comunión, en el partimiento del pan y en la oración.
Oración:
Señor, que seamos discípulos que vuelven a lo esencial y redescubramos la
fuerza del evangelio que puede transformar vidas, familias y comunidades. Amén.
Video:
“Volviendo a lo esencial”


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