En próximas entradas quiero
compartir sobre la serie: “Las 7 palabras de Jesús en la cruz”. La hemos
compartido este año en la iglesia como arranque de la Semana Santa y me ha
traído recuerdos de cuando escuchaba hablar sobre ellas en la iglesia de mi
infancia.
Estas 7 últimas “palabras”
de Jesús en la cruz no fueron casuales y tienen un significado muy profundo
para nuestra vida. En ellas vemos claramente el amor de Dios, su perdón y el cumplimiento
perfecto de su plan de salvación a nuestro favor.
Que mientras las meditemos podamos
acercarnos más a Él y respondamos con fe, arrepentimiento y obediencia.
“Las 7 palabras de Jesús en la cruz”:
“Padre, perdónalos, porque no
saben lo que hacen” (Lucas 23:34)
“Hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas
23:43)
“He ahí tu hijo… He ahí tu
madre” (Juan 19:26–27)
“¿Por qué me has desamparado?”
(Mateo 27:46)
“Tengo sed” (Juan 19:28)
“Consumado es” (Juan 19:30)
“En tus manos encomiendo mi
espíritu” (Lucas 23:46)
En las reuniones dominicales de la
iglesia (Iglesia La Campiña) estamos llegando al final de la serie basada en el
evangelio de Marcos. Este domingo estudiaremos Marcos 15:21-41. Te animo a
leerlo.
Usamos el método de los estudios
bíblicos descubrimiento y una de las preguntas que tenemos que hacer para
finalizar es: ¿qué te está diciendo Dios (a través de este pasaje) que hagas en
obediencia?
Aquí te dejo algunas
conclusiones:
Yo voy a aceptar la voluntad de Dios aun cuando
implique sacrificio o sufrimiento.
Yo voy a mantenerme firme en mi fe, aunque otros se
burlen o no comprendan mis convicciones.
Yo voy a ayudar a otros a llevar sus cargas, como
Simón de Cirene llevó la cruz.
Yo voy a examinar mi corazón para no ser
indiferente ante el sufrimiento ajeno.
Yo voy a confiar en Dios incluso en momentos de
oscuridad y aparente silencio.
Yo voy a reconocer a Jesús públicamente, como el
centurión reconoció quién era Él.
Yo voy a permanecer fiel hasta el final, como las
mujeres que estuvieron presentes hasta la crucifixión.
El principio 9 trata sobre el enfoque en llevar a cabo la misión de hacer
discípulo y el peligro de perder el rumbo si no lo hacemos. Al respecto Josh
escribe: “Las distracciones están por todas partes, incluso en el ministerio. No siempre se trata de elegir entre lo
bueno y lo malo, sino entre lo bueno y lo mejor.
Como en un juego donde las
misiones secundarias te alejan del objetivo principal, las iglesias pueden
enredarse en actividades bien intencionadas que diluyen el discipulado.
La verdad es que, sin un
enfoque constante, la misión central —ser discípulos que hacen discípulos— se
pierde…
¿Estamos enfocados con
precisión en lo que más importa, o nos estamos distrayendo sin fin?
La misión es clara: ¿permaneceremos en el rumbo?”
Y sobre el principio #10 acerca de “Reinventar
tu sistema de medición” Josh nos advierte: “En el discipulado, los
indicadores tradicionales —asistencia, dinero y bautismos— a menudo no reflejan
la verdadera medida del éxito.
¿Qué pasaría si en lugar de
eso midiéramos cuántos discípulos están
haciendo discípulos?
El verdadero crecimiento no se trata de números, sino de vidas
transformadas.
Este principio nos invita a
cambiar el enfoque, midiendo lo que realmente importa: cuántos están
multiplicando su fe y discipulando activamente a otros.
En los movimientos alrededor
del mundo, el verdadero marcador celebra no solo la asistencia o las ofrendas,
sino un discipulado que se expande, multiplicándose generación tras generación.
Reinventa tu sistema de
medición y prioriza lo que Dios más
valora: discípulos que se parecen cada vez más a Jesús y continúan Su misión.”
Puedes ver un video donde se trata el principio #10 aquí: (recuerda está en
inglés)
En este nuevo año quiero seguir con la serie: “10 Principios para Hacer Discípulos”.
Vamos ya por el principio #8 Prácticas simples, efectivas y reproducibles, y sobre él, Josh Howard comenta: “Hacer discípulos no se trata de complejidad, sino de claridad. Con demasiada frecuencia complicamos tanto el proceso que la gente se siente inspirada, pero no sabe cómo empezar.
Los movimientos crecen cuando las herramientas son lo suficientemente simples para que un niño de 12 años o un adulto de 80 las use, lo suficientemente efectivas para transformar vidas, y lo suficientemente reproducibles como para que cualquiera pueda transmitirlas…
Si queremos que el discipulado se multiplique, necesitamos “palas”, no manuales de instrucciones: herramientas prácticas que empoderen a los creyentes comunes para crecer y discipular a otros.
La pregunta es: ¿los estamos equipando para hacerlo?”
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