Llegamos a la quinta “Palabra” de
Jesús en la cruz: “Tengo sed” (Juan 19:28)
En esta breve declaración, contemplamos
la realidad de la cruz desde otro ángulo: el sufrimiento físico de nuestro
Señor Jesucristo.
“Tengo sed” no es una metáfora,
es una expresión real. Después de tantas horas de agonía, pérdida de sangre y
exposición al sol, Jesús experimenta una sed intensa.
La cruz no fue simbólica. Fue
real. El dolor fue real. Y el cuerpo de Cristo sufrió verdaderamente.
1. La humanidad de Cristo
Jesucristo es verdaderamente
hombre. Él no aparentó sufrir. No fue una ilusión. Él sintió hambre, cansancio,
dolor… y aquí, sed. Esto es esencial para nuestra fe. Solo siendo
verdaderamente hombre podía representarnos; solo siendo verdaderamente Dios
podía salvarnos.
2. Cumplimiento profético
Salmo 69:21: “En mi sed me dieron
a beber vinagre”.
Aun en medio de su sufrimiento,
Cristo no pierde el control. Él está cumpliendo cada detalle del plan redentor
de Dios. Nada en la cruz es accidental. Cada palabra, cada acción, cada momento
está bajo la soberanía divina.
Esto nos da seguridad: nuestra
salvación descansa en un plan perfecto, no en circunstancias aleatorias.
3. Sed espiritual del hombre
El ser humano vive con una sed
interior: sed de propósito, de paz, de perdón, de comunión con Dios. Intenta
saciarla con placer, éxito, relaciones o religión, pero nada es suficiente.
Jesús había dicho durante su
ministerio: “El que tenga sed, venga a mí y beba”, ahora en la cruz experimenta
sed, para que nosotros podamos ser verdaderamente saciados. Él toma nuestra
necesidad para ofrecernos su plenitud.
Aplicación
- Solo Cristo satisface.
- Ven a Él y bebe del agua de vida.


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