La cuarta “palabra” en la cruz, la más
difícil de explicar y de entender en todo su significado… “¿Por qué me has
desamparado?” (Mateo 27:46)
Este es el clímax del
sufrimiento. Aquí no vemos simplemente dolor físico, ni únicamente injusticia
humana. Aquí contemplamos algo infinitamente más serio: el peso del pecado
siendo colocado sobre el Hijo de Dios, y la consecuencia inevitable de ese
pecado—la separación.
1. Cristo cargó nuestro pecado
- Separación del Padre.
Cuando Jesús clama: “Dios mío,
Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”, no está cuestionando al Padre en
incredulidad, sino expresando la realidad de lo que está ocurriendo.
El pecado, que Él nunca
cometió, ahora le es imputado. Él, el Santo, el puro, el justo, está
cargando con la culpa de muchos. Y el pecado siempre produce separación. La
santidad de Dios no puede tener comunión con el pecado. En ese momento, Cristo
experimenta el abandono judicial del Padre.
No es que el Padre deje de amar
al Hijo, sino que el Hijo está siendo tratado como pecador en nuestro lugar.
2. Cumplimiento del Salmo 22
- Plan perfecto. Jesús no está fuera de control, Él
está cumpliendo perfectamente el plan redentor establecido desde la
eternidad.
3. Él tomó nuestro lugar
- Sustitución. Él no sufrió por sus propios
pecados—no tenía ninguno. Él sufrió por los nuestros. Tomó nuestro lugar,
recibió nuestro castigo, llevó nuestra culpa.
- Esto es sustitución penal: el inocente pagando por
los culpables, para que los culpables puedan ser declarados justos.
Aplicación
- El pecado es serio.
- La gracia es costosa.
- Él fue abandonado… para que tú nunca lo seas.


No hay comentarios:
Publicar un comentario