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lunes, 29 de septiembre de 2008

Antonio Padilla y Nueva Luz

Acabo de recibir la noticia de que Antonio Padilla, después de una larga enfermedad, ya está con su Señor al que tanto amaba. Recuerdo que fue en mi niñez o muy temprana juventud cuando le oí contar su historia y realmente me impactó. Él era un creyente con responsabilidades en su iglesia que compaginaba con su trabajo. Un día, mientras estaba en una elegante casa "prestada" (creo que por asuntos de su trabajo) recibió una llamada de teléfono, mientras estaba en un jardín exterior. Fue rápidamente a contestar pero no se dio cuenta que había una gran cristalera para entrar, el choque le produjo un daño en la vista que después de innumerables operaciones terminó en ceguera. Cuenta que su vida se derrumbó, él buscaba el porqué le había ocurrido eso. Dice que la clave para su recuperación fue cambiar la pregunta por un para qué. La contestación fue crear "Nueva Luz": organismo que se dedicó a llevar el mensaje del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo a los ciegos o personas con deficiencias visuales. Recuerdo que en mi iglesia había algunas personas que se beneficiaban de estos recursos.
Hace unos años (quizá unos seis) le volví a escuchar. Recuerdo que aparte de compartir sobre "Nueva Luz", habló sobre el cojo que fue sanado por Pedro y Juan (Hechos 3). En esa ocasión Pedro le dijo: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy..." Su conclusión fue: "Antes la iglesia no tenía dinero pero tenía el poder del Espíritu Santo... ahora la iglesia tiene dinero pero ha perdido el poder del Espíritu...". Aunque esta frase estaba en un contexto, él estaba hablando de nuestra realidad en España. Me impresionó y hoy he vuelto a recordarlo.
El correo que he recibido dice en una de sus partes: "Como sabéis, Antonio fue el creador y director de Nueva Luz desde sus inicios, no sabiendo lo que pasará con esa obra a partir de ahora, por lo cual nuestras oraciones deberán ser a favor de la familia y por el futuro de esta obra única."
Desde aquí mi pequeño tributo a personas que nos han dejado su ejemplo de fe.

viernes, 29 de agosto de 2008

“El amor nunca deja de ser” (1 Cor. 13:8); In memóriam de Rubén Santana

Hace unos días os comentaba sobre “Los que no volverán”, refiriéndome al accidente de aviación ocurrido en Barajas. Entonces no sabía que un “hermano en la fe” se encontraba allí y ahora está en la presencia del Señor: Rubén Santana. Deja esposa y tres hijos. Me envía mi hermana unos devocionales de Margarita Burt (conocida misionera en España) hablando sobre él y transcribo algunas partes para nuestra reflexión:
“¿Cuál es la cosa más grande que puedes decir de una persona que ha fallecido? ¿Que logró una fortuna? ¿Que obtuvo muchos títulos académicos? ¿Que ostentó cargos importantes? ¿Que llevó a cabo grandes cosas? Todo esto está bien, pero creo que lo más grande que se puede decir de una persona es que amaba profundamente. Y esto es precisamente lo que dijo la prensa de Rubén Santana ayer en un artículo sobre los que fallecieron o sobrevivieron la tragedia aérea del miércoles en Barajas. Hoy sigue siendo un día de luto nacional y nos conviene seguir pensando en la vida y la muerte.
En el artículo citado salen las últimas comunicaciones por móvil entre Rubén y su esposa, Mari Carmen:“Amor, el avión se me averió.” Después de comentarlas, la prensa dice: “El último y cariñoso mensaje que dejó Rubén a Mari Carmen era el de un grancanario de 45 años profundamente enamorado de su mujer, de su madre y de la Iglesia Evangélica. Para su esposa fueron sus últimas palabras, para su madre iba a ser el último viaje y para esa congregación protestante fueron sus últimos años. Hace ocho, dejó su taxi en la isla y se marchó a Madrid con sus tres hijos a estudiar teología y hacerse pastor evangelista. Su madre, de 92 años, aún no sabe que viajaba en el avión estrellado. Iba a verla”. Me ha llamado mucho la atención que el artículo hace resaltar precisamente la misma idea que el Señor me guió a escribir ayer: es decir, que este hombre amaba profundamente. Amaba a su esposa, a sus hijos, a su madre, y a la Iglesia Evangélica. Normalmente no decimos que uno está profundamente enamorado de la Iglesia Evangélica, pero el periodista no era creyente y no sabía como poner en otras palabras lo que sentimos, no tanto por la organización evangélica como por los que son de la familia de Dios, un amor entrañable. Son familia nuestra. ¿De cuántos hombres, al relacionarse con su familia cuando han fallecido, dice un periodista que este hombre “estaba profundamente enamorado de su esposa, familia e iglesia”? Lo que Dios hace resaltar es la preeminencia del amor. Son amores diferentes, cada uno de ellos, pero “amor” es la única palabra que tenemos en nuestro vocabulario para expresarlo...

Me alegro que el periodista y yo hayamos coincidido, pero lo importante no es esto, sino que Dios está hablando de lo que Él valora en un ser humano: que ame. Lo más hermoso que se puede decir de una persona cuando ha dejado este mundo es que este hombre estaba profundamente enamorado de su esposa, madre, hijos, iglesia, es decir, que sentía pasión, cariño, ternura, que amaba con el amor de Dios, que Dios amaba y llegaba a otros por medio de su vida. ¡Qué legado ha dejado Rubén para su esposa, familia, y hermanos! ...”
“Salieron su esposa e hijos en la televisión recibiendo condolencias de parte de los reyes de España juntamente con las otras víctimas del desastre. ¿Por qué lo permitió el Señor? No lo sabemos, pero sospechamos que él era una de estas personas de los cuales el mundo no es digno, y por esto el Señor se lo llevó. El cielo es más rico por su llegada y la tierra más pobre por su salida. Que Dios levante a miles como él para trabajar en sus campos, hombres de verdad, hombres de Dios, que saben amar. “