Llegamos a las últimas palabras
de nuestro Señor en la cruz. No son palabras de desesperación, ni de
incertidumbre, sino de absoluta confianza.
“En tus manos encomiendo mi
espíritu” (Lucas 23:46)
Después de haber llevado el peso
del pecado, después de haber experimentado el abandono, después de haber
declarado “Consumado es”, ahora Jesús se dirige nuevamente al Padre con plena
seguridad.
1. Entrega total
Jesús no se aferra a la vida
terrenal. No lucha contra la voluntad del Padre. Él se entrega completamente.
Esto revela la perfecta
obediencia de Cristo. Desde el principio hasta el final, su vida fue una
ofrenda voluntaria.
2. Muerte voluntaria
Es importante entender esto:
Jesús no simplemente “murió”; Él entregó su espíritu.
Nadie le quitó la vida. Él mismo
la dio. Esto distingue la muerte de Cristo de cualquier otra muerte en la
historia. No fue una víctima de las circunstancias, sino el sacrificio
voluntario del Hijo de Dios.
Aun en su último aliento, Él está
en control. La cruz no le fue impuesta; Él la abrazó por amor.
3. Fe hasta el final
Después del clamor de abandono,
ahora vemos restaurada la expresión de comunión: “Padre, en tus manos…”.
Cristo muere confiando. Muere descansando en la fidelidad del Padre.
Esto nos muestra que la fe
verdadera persevera hasta el final. No depende de las circunstancias, sino del
carácter de Dios. Jesús no solo nos salva; también nos muestra cómo vivir… y
cómo morir: confiando plenamente en Dios.
Aplicación
- Rinde tu vida a Dios. No parcialmente. No en
ciertas áreas. Todo tu ser, todo tu futuro, todo tu corazón
- La historia no termina en la cruz… ¡Jesús resucitó!
Nuestra esperanza no está en un Cristo muerto, sino en un Cristo vivo.
- La muerte fue vencida: Hay esperanza eterna: Podemos
enfrentar la vida… y aun la muerte… con seguridad, sabiendo que estamos en
las manos del Padre.
CONCLUSIÓN DE LA SERIE
Las palabras de Jesús en la cruz:
- Nos muestran el amor de Dios
- Nos llaman al arrepentimiento
- Nos invitan a una vida nueva







