Me gustaría dar unas pinceladas acerca de la sabiduría y la grandeza de nuestro Dios. Lo he titulado: “Sabiduría y grandeza de un Dios que es cercano”.
Vamos
a hacer como un recorrido desde la inmensidad del universo hasta el interior
del corazón. Para algunas personas Dios es alguien lejano, ausente, que no se
preocupa de sus criaturas. Los que leemos la Biblia descubrimos a través de sus
páginas que Dios es grande, sabio y cercano, entre otras cosas. Pero no
solamente nos quedamos con un conocimiento intelectual de la lectura que
hacemos, sino que nuestro conocimiento es también experimental. Cada día nos
asombramos del Dios que tenemos y le vemos actuar, obrar, es decir, que
es un Dios cercano.
El tercer día, ¿qué creó Dios?
creó “la hierba verde, hierba que dé semilla; árbol que dé fruto según su
especie…y vio Dios que era bueno” Génesis 1: 11 y 12
El ser humano fue creado en
el día sexto “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra
semejanza……a su imagen, a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó” 1:26,
27
¿Por qué he querido leer
estos versículos? Porque, no sé si conocéis estas similitudes “escondidas”
entre muchos de los alimentos que tomamos y algunos órganos de nuestro cuerpo. No
solo similitud, sino que son beneficiosos para el órgano al que se parecen.
Evidencia de que hay un Dios que no hace las cosas al azar si no que las hace
con un propósito y, además, las hace con sabiduría. (La farmacia antes que
el paciente)
Zanahoria: Si
cortas una zanahoria te darás cuenta de que se parece al ojo humano, ya que
tiene un círculo casi como la pupila. Nos recuerda a la pupila y al iris. Llenas
de betacaroteno que el cuerpo convierte en vitamina A. Protege la salud de la
vista. Previene cataratas y mejora la capacidad de ver en la oscuridad.
Nuez: Se
parece al cerebro humano. Los pliegues y los dos hemisferios. Ricas en Omega3 grasas
saludables que ayudan a la salud del cerebro, la memoria y la función
cognitiva. O sea, que se parece y beneficia al cerebro.
El tomate: Si
lo partes, se parece al corazón. Se parece a las 4 cavidades del corazón. Tiene
licopeno que es un antioxidante natural, asociado a la salud del corazón y
ayuda a reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Ayuda a reducir el
colesterol y a combatir la inflamación.
El Jengibre: Se
parece al estómago humano. Es excelente para ayudar en la digestión, aliviar
náuseas y calmar otros problemas estomacales. Es antinflamatorio.
Las uvas: Un
racimo de uvas se parece a los alveolos en los pulmones y beneficia a los
pulmones. Tiene resveratrol y antioxidantes que fortalecen los tejidos
respiratorios y ayudan a depurar el sistema respiratorio.
El apio:
Tiene vitamina K, calcio y otros minerales, los tallos del apio se parecen a
los huesos y beneficia a los huesos. Este vegetal contiene silicio, un mineral
que fortalece el tejido óseo. Dato curioso el apio tiene un 23% de sodio y los
huesos también. ¿casualidad? ¿coincidencia? o una firma escondida en el cajón
de las verduras. ¿Vemos la sabiduría y propósito del Creador?
Alubias:
Limpieza para los riñones. Ricas en fibra, hierro y magnesio favorece la
eliminación de toxinas, la regulación del azúcar en sangre y la salud renal en
general.
Podríamos seguir citando más
pero solo esta muestra para que nos demos cuenta del Dios tan grande y sabio
que tenemos.
Dicen: “La madre naturaleza
es magnífica, nos brinda muchos alimentos con muchos beneficios para nuestro
cuerpo”. Nosotros, los creyentes, vemos la mano de Dios y decimos que detrás
de la creación hay un creador y que todo lo que ha creado tiene un PROPÓSITO
bueno, agradable y perfecto.
Al igual que cuando vamos a
un museo y vemos hermosos cuadros, sabemos que no se han hecho solos, cada
cuadro te está diciendo que hay un pintor que los ha creado. Pues igual, cuando
nos fijamos en toda la belleza de la creación, casa cosa creada te está
diciendo que hay un autor, un diseñador divino.
Salmo 19:1 “Los cielos
cuentan la gloria de Dios…” Los cielos te están hablando de la majestad de
Dios.
Salmo 139:13 “tu formaste
mis entrañas; me hiciste en el vientre de mi madre. Te alabaré, porque
formidables y maravillosas son tus obras…”
Hemos empezado con cosas
pequeñitas que casi no se ven, el sodio en un tallo de apio, por ejemplo y
seguimos con la inmensidad de los cielos. El microscopio se vuelve
telescopio.
Salmo 104:24 “¡Cuán
innumerables son tus obras, oh Señor! Hiciste todas ellas con sabiduría; la
tierra está llena de tus beneficios.” Este salmo es un
canto de alabanza a la grandeza de Dios como Creador. Reconoce a Dios como el
autor sabio de todo lo existente, desde lo más pequeño hasta lo más grande
(todas ellas).
“Cuán innumerables”
inmensidad y variedad de las obras de Dios.
“Con sabiduría” cada cosa
creada demuestra la inteligencia y el diseño perfecto de Dios.
En 1905, un joven desaliñado
se encerró en su apartamento en Berna, Suiza, y llevó a cabo complejos
experimentos mentales sobre la naturaleza del universo. Frenéticamente
concentrado, el físico trabajó una y otra vez sus cálculos. Cuatro meses
después, había reescrito gran parte de lo conocido sobre cómo funciona el
mundo. Este hombre era Albert Einstein. Tenía veintiséis años. Pero, aunque
poseía una mente científica brillante, dijo: “Cuánto más aprendo, más me doy
cuenta de lo mucho que no sé” (N.P.D. 8/5/2026) Job ya lo dijo antes que
Einstein miles de años antes: Job 11:7,8 “¿Llegarás tú a la perfección
del Todopoderoso? Es más alta que los cielos”
No hay cálculo matemático que pueda explicar el extraordinario acto de Dios al entrar en la humanidad en la persona de Jesucristo. Dios no está solamente “allá afuera” en un universo que no podemos llegar a comprender, sino que está aquí a nuestro lado. Es un Dios al que podemos conocer de manera personal e íntima.
Isaías 57:15 “Porque
así ha dicho el Alto y Sublime, el que habita la eternidad y cuyo nombre es el
Santo: Yo habito en la altura y la santidad, pero habito también con el
quebrantado y humilde de espíritu, para reavivar el espíritu de los humildes y
para vivificar el corazón de los quebrantados”
Muestra el propósito de Dios
al acercarse. Viene a restaurar, sanar, dar vida a quienes se rinden a Él. No
quiere nuestra condenación, no quiere nuestro mal, pero sí quiere nuestro bien.
El orgullo aleja a las personas de Dios, el dócil que reconoce sus errores le
recibe y así se beneficia de su presencia. Dios es tan grande para gobernar
el universo como cercano para sanar un corazón herido. Aunque habita en la
altura y santidad, habita también con el quebrantado y humilde.
Juan 1:1 y 14 “En
el principio era el Verbo… y aquel Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.”
En
abril de este año se celebró que el hombre subiera a la luna nuevamente. Se
estableció el récord de los humanos que más lejos han viajado en el espacio.
Pero, ¿nos damos cuenta de que hubo un hombre que desde lo alto bajó a nuestro
planeta tierra? Jesucristo.
“El hecho más grandioso de
la humanidad, no es que el hombre haya pisado la luna, sino que el Hijo de Dios
haya pisado la tierra” es lo que le decía el astronauta Jim
Irwin cuando daba sus charlas después de pisar la luna en 1971 en el Apolo 15.
Eso es lo realmente importante. ¿Por qué vino? Para traer salvación a este
mundo roto por el pecado. Es su mundo y somos sus criaturas. El pecado rompió
la hermosa relación con Dios que existía en el principio. Hizo la obra perfecta de salvación y le
esperamos en su segunda venida para “crear cielos nuevos y tierra nueva
donde more la justicia” 2 Pedro 3:13
Tengo en casa una libreta
que le puse por título: “frases inspiradoras”, son frases que escucho o leo que
me llaman la atención, me impactan. Pues una de ellas dice:
“Amamos lo que nos apasiona,
puede ser viajes, conciertos, deportes. Amamos lo que para nosotros es un
tesoro. Amamos aquello que nos da placer. No amamos aquello que nos fastidia
¿Cuánto es tu disfrute al contemplar la belleza de Dios?”
¿Te aburre Dios? ¿Te cansa?
Entonces es que no te estás dando cuenta ni de la grandeza de Dios, ni de su
belleza. Has dejado de mirar lo que realmente importa. Te conviertes en aquella persona que va por el
museo del prado mirando solo tu móvil y encima quejándote de que no hay nada
hermoso que ver. Hay una invitación para salir del letargo: Jeremías
33:3 “Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y
ocultas que tú no conoces” Él está dispuesto ¿y Tu? Es una
invitación para relacionarte con el creador del universo y tener una relación
íntima con Él.
Conclusión:
ü Inmensidad
y variedad de las obras de Dios. Todas ellas hechas con sabiduría. ¿Te has
parado a verlas? Desde que pinto cuadros de paisajes, plantas me fijo muchísimo
en las nubes, los colores del cielo al atardecer, el mar azul con olas que van
y vienen… pinté una rama de olivo con aceitunas y jamás he observado tanto un
olivo. ¡Cuánta belleza!
ü - Dios
no solamente está “allá afuera” en un universo que no podemos llegar a conocer,
sino que está aquí a nuestro lado. En los corazones humildes. Es un Dios
cercano.
ü - ¿Cuánto
es tu disfrute al contemplar la belleza de Dios? Porque amas lo que para ti es
un tesoro, un disfrute.
ü - Señor,
ayúdame a contemplar cada día tu belleza y asombrarme de las maravillas de tu
creación, con tantos beneficios para mi vida.
(Noemi López Cañas)



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